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martes, 13 de noviembre de 2012

El gato volador

Este es otro cuento que me encargaron escribir mientras hacía el curso de lengua italiana. Como muchos, crecí viendo los dibujos animados de Merrie Melodies y Looney Tunes que acá en Venezuela pasaron en TV libre en las décadas de los '70 y '80. Para este cuento me basé en un personaje de un gato que volaba agitando su cola y llegaba al aeropuerto de París volando a visitar a su novia. No sé cómo se llama la historia ni cuándo la hicieron y ni siquiera estoy seguro si es de Looney Tunes o no. Así que si alguien sabe cómo se llama o de un link donde pueda ubicarla, se lo agradecería. Me gustaría iniciar mi propia colección de las buenas viejas comiquitas.

Acá les coloco el cuento, sólo el original en italiano porque es un poco largo. Si lo desean, puedo subir otro día la traducción.


Il gatto volante

Un racconto da Alvaro Marcotrigiano.


In una grotta nel parco, vicina a la fonte, visse moltissimo tempo fa una famiglia di gatti. La mamma –a cui le altre gatte amiche chiamavano Tigressa perchè era grande, bella e tigrata- e cinque gattini: quatro maschi e una femmina.

Il piccolino era un maschio chi si chiamaba Miski, ma tutti gli dicevano Largo perchè era magro magro e con una coda lunghissima, più lunga di lui. Oltre la coda e la magrezza, fisicamente non era molto diverso di suoi fratelli e sua sorella. Era così peloso e morbido che sembrava un piccolo pezzo di cotone. Ma certamente era diverso di suoi fratelli in un altro senso...

Un giorno, Miski e suoi fratelli uscirono della tana per la prima volta nella sua vita e videro il mondo. Chè cosa meravigliosa! I colori, le luci, gli alberi e gli altri animali... tutto era bello. Ma un animale strano gli attirò l’attenzione. Era così piccolo e morbido e andava nel cielo e tra i rami degli alberi.

-              Mamma! –gridò Miski- chè cosa è quella? –disse segnando con la zampa.
-              Quello è un uccello, caro –disse lei- e gli ucelli sono molto gustosi -aggiuntò.
-              Ma... si mangiano? –replicò il cucciolo.
-              Sì, tesoro, e anche sono molti nutritivi.

Miski non poteva credere quello che ascoltò. Com’`e possibile che una cosa così bella, così maestosa, fossi un cibo? In riguardo a lui, non mangierà mai un uccello.
Passò il tempo e Miski diventò l’amico degli uccelli mentre era lo zimbello di sua famiglia. Un dei suoi migliori amici era Pip, un canarino con una voce melodiosa. Insieme a lui, Miski si divertiva molto.

Un giorno, Miski ascoltò una conversazione tra suoi fratelli:
-              Perchè Largo non caccia gli uccelli come faciamo noi –disse sua sorella.
-              È La vergogna della famiglia –disse un fratello.
-              - Anche mama ha vergogna de lui –disse l’altro.

Miski corse a sua mamma e le disse:

-              Mammina! È vero che hai vergogna di me?

Tigressa lo vede e chiese:

-              Da dove hai presso quella idea, caro?
-              Ho ascoltato a miei fratelli parlandone –rispose- Che hai vergogna di me perchè non caccio gli uccelli come fanno loro.

-              Mio caro, cucciolino –gli disse- Io sono molto orgogliosa di te. Sei l’unico gatto che conosco che ha saputo abbatere l’istinto per fare quello che considera corretto. Chi fa così scopre cose nuove e un giorno incontrerà la felicità –e lo leccò con tenerezza.

Pasò il tempo e un giorno Miski gli disse a Pip:

-              Come mi piacerebbe salire al cielo come fai tu! Essere così libero!
E Pip gli risposse:
-              Sai, Miski? Addeso mi rendo conto della lunghezza di tua coda. Forse se la giri rapido com l’elica d’un elicottero, salirai al cielo.

Miski girò la coda. Primo lentamente e poi più rapido fino a che quasi non si vedeva a causa della velocità. E cominciò a salire al cielo...

-              Guarda, Pip, sto volando! –gli gridò.
-              Bravo, Miski! –disse Pip mentre gli raggiungeva nel’aria. E poi gridò:
-              Guarda, Miski! C’è fuoco nel parco!

Miski fissò lo sguardo nel fuoco e se ne andò verso alla sua tana a tutta velocità. Incontrò a sua mamma e a suoi fratelli cercati dal fuoco e uno ad uno gli ritirò del pericolo.
Gli altri animali rimasero sorpresi per quello che ebbero visto.
Da  quel giorno in più, tutta la famiglia mai mangiò un uccello come gratitudine a Pip e Miski, il gato volante.

...E Miski, certamente fu felice.

viernes, 9 de noviembre de 2012

¡Sorpréndeme!




De verdad que escribir un blog sobre lo que a uno le provoque es un buen ejercicio de catarsis. No sé si me estaré purificando de alguna manera pero me ha servido para clarificar ideas, conocerme mejor y afianzar un poco más los pies en la tierra. Este artículo es sobre esto: una meditación sobre un hecho trivial al que estoy ligado de alguna manera (y que a otros no les pasa).

Les explico.

En estos días vi (por enésima vez) Ratatouille (Ratatouille - 2007 http://www.imdb.com/title/tt0382932), la película de la rata cocinera de Disney. Había algo en el film que me hacía verlo cada vez que se presentaba la oportunidad. Sin ponerle mucho coco pensé que la razón estaba en que hay un giro en la película que lo hace atractiva: al principio versa sobre el secreto de quién es verdaderamente Linguini pero, una vez que se resuelve esta trama, están los forcejeos morales a los que están expuestos Remy, Linguini y Anton Ego. Es como ver dos películas. Una luego de otra.

Después me di cuenta que en realidad no era esto. Que lo que me atrapaba realmente era el final: la transformación de Anton Ego, el crítico.




Anton Ego era un personaje amargado, encerrado y atrapado en su propia fama. Totalmente cómodo en la posición que se había ganado en buena lid, hace mucho años. Anton Ego era la imagen de lo que se suponía era un experto, la máxima autoridad en cuanto a crítica gastronómica se refiere. Pero aparecen en su vida un hombre y una rata que sacudieron sus cimientos y derrumbaron sus prejuicios, ofreciéndole una flexibilidad de pensamiento que lo libera de la cárcel de sus ideas. Después de mucho años logra recuperar algo que había perdido hace mucho: la capacidad de asombro.

El asombro es un fluido vital que nos manteniene. Las cosas que nos asombran siempre las recordamos. Quedan grabadas en nuestro cerebro de forma bien firme. Aún recuerdo cuando de niño con mi papá fui a recoger caracoles en una pequeña formación rocosa bañada por las olas de playa Terminal, en Pampatar, Isla de Margarita. Me sorprendió lo grande de un caracol que encontró, casi del tamaño de un puño. Cómo nos quedamos quietos con él en la mano para que saliera, con su cuerpo baboso y serpenteante de su concha. Recuerdo la actitud emocionada de mi papá, mostrándome semejante tesoro (gracias a esto creo que no me dan asco los caracoles y hasta me gusta sentirlos caminando sobre mi mano). Recuerdo el calor del sol. Recuerdo el ruido de las olas rompiendo contra las rocas. Recuerdo el ruido de fondo de otros niños jugando en la playa. Piénsenlo. Seguro Uds. también tienen historias que recuerdan especialmente. Seguro estuvo ligado a ése momento el elemento de la sorpresa.

El asombro nos permite aprender, nos permite crecer.

El asombro fue lo que le permitió a Anton Ego escribir una magnífica reseña que luego le costó el trabajo, pero le permitió continuar con una vida más digna y emocionante de la que pudo haber llevado. Me encanta la escena final cuando Linguini le pregunta qué postre le gustaría le sirviera y Anton se voltea con una sonrisa y mirando a Remy le responde: "Sorpréndeme"

Acá tienen el video de la crítica de Anton y la escena final. Una verdadera joya para mí.




¡Que Dios nos permita siempre seguir teniendo esa alma de niño que se emociona con un regalo, con un nuevo descubrimiento, con un nuevo logro! 

¡Que no dejemos de sorprendernos!

martes, 30 de octubre de 2012

Las palabras cansadas.

Ayer estuve registrando unos viejos papeles en mi habitación y encontré un material de un curso de lengua italiana que hice hace unos años. La finalidad de este curso era disfrutar mejor de un viaje que siempre quise hacer a la tierra de mi padre. Lo cierto es que no sólo cumplí mi objetivo de viajar y entenderme con los locales sino que también disfruté de mi etapa de estudiante del idioma. Allí conocí gente especial a quienes recuerdo con mucho cariño. Una de ellas fue la mia proffessoressa Rosa. Excelente pedagoga que, como muchas otras personas, ya emigró del país. En un exámen nos pidió que escribiéramos un pequeño cuento que quiero compartir con Uds.

Les coloco el original y la traducción. ¡Disculpen si aún hay faltas ortográficas!


Le parole stanche.

Un giorno, le parole decisero di fare lo sciopero. Erano stanche di essere usate senza coscenza, per parlare male della famiglia, degli amici e della gente di buona volontà. Anche le usavano como scuse per non capire alla gente:

- Ché mi dici? Non ti capisco niente! Mi sembra che stia parlando in cinese.

E allora, la cosa più straordinaria successe: la gente muoveva le labbra ma nessuna parola poteva essere ascoltata. Quando la gente apriva il giornale, le parole cadevano al piano rimanendo soltanto le foto e alcuna che altra parola che non se ne avevano reso conto, come "adormentata".

Ma la gente non fu più intelligente. Le parole decidono di finire lo sciopero. Non c'era differenza.

Se non fosse così non potresti leggere questo racconto, vero?


Las palabras cansadas.


Un día, las palabras decidieron hacer huelga. Estaban cansadas ​​de ser utilizadas sin conciencia, hablar mal de la familia, de los amigos y de las personas de buena voluntad. También las utilizaban como excusas por no entender a la gente:

- ¿Qué dices? ¡No te entiendo nada! Me parece que estuvieras hablando en chino.

Y luego, lo más sorprendente sucedió: la gente movía sus labios, pero las palabras no podían ser escuchadas. Cuando la gente abría el períodico, las palabras caían al suelo quedando tan sólo las fotos y una que otra palabra que no se había dado cuenta, como "adormecida".

Pero las personas no eran más inteligentes. Las palabras decidieron poner fin a la huelga. No hubo ninguna diferencia.

Si no fuera así no pudieran haber leído esta historia, ¿cierto?